Hoy fue una tarde de conversaciones tormentosas, liberadoras, cargadas de emociones que desgarran.
Hasta ahí parece uno de esos momentos donde el copete ilumina la razón y la sapiencia, donde el escenario son cigarros y una botella de tequila o ron de compañía en algún pub o tugurio de la noche.
Pero nada de eso, todo ocurrió en un salón de té, una casa antigua ahí en Providencia que abrigaba un salón con 30 variedades para servir el té, acompañados de suaves y deliciosos pasteles y unos panecillos calientes.
Seria la transparencia y tranquilidad de ese patio que hizo fluir los secretos más intimos, o pudo ser que una de esas infusiones con nombres como Anastasia, Monaco, etc. tengan poderes místicos liberadores que expulsen aquello de lo cuál no se habla.
Como sea hoy el Salón de Te Le Flaubert, fue testigo ó complice de un gran momento de liberación.





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